I like it

I like it
Take me to the place i love ... Take me all the way

7 de diciembre de 2010

Nunca es mucho tiempo, pero mucho lo es más.

Ciertamente ella nunca le tuvo mucho aprecio a las arañas, ya que con sus ocho ojos y ocho patas podían llegar a resultar bastante poco agraciadas. En realidad algo de pánico si podían llegar a causarla. Nunca las tocaba si podía evitarlo, pero no dudaba en defender sus derechos ante cualquier arranque de bestialidad. Porque hasta las arañas tenían derecho a vivir.

Tampoco sentía vértigo. Es más, siempre que podía prefería encontrarse en un avión con un destino desconocido, entre las nubes o en los sitios más inalcanzables. O simplemente entre las más altas azoteas. Cada vez que subía a la azotea, no a una, no, a "la", parecía sorprenderse como la primera vez. Aunque tal vez fuesen imaginaciones del chico, ya que enseguida caminaba y contemplaba la ciudad desde las alturas como si no hubiese pasado nada.

No sólo sabía hacer sándwiches de jamón y queso, las tortillas también se la daban genial. Y aguantar lasañas, carne cruda y huevos fritos mal hechos. Nunca la apasionaron especialmente los videjuegos.

En el fondo no soportaba el frío. Se colaba por entre sus ropas, llevase abrigo, pantalones conseguidos por medios poco recomendables, guantes o gorros. Siempre conseguía que acabase tiritando y deseando volver a un lugar cálido, como por ejemplo entre los brazos del chico. Y para que negarlo, esto causaba en él una enorme satisfacción. Prefería el calor y el verano en invierno, y el frío y el invierno en verano.

Se la daba bien recordar las letras de mil canciones, y sabía cantar una canción cuyo tema girase en torno a una palabra con solo mencionar esa misma, pero sin embargo nunca se la dio bien escuchar el bajo.

Leía casi más que metía zases, de esos que duelen y hacían pararse en medio de una calle repleta de gente con prisa y sin alegría, a mirarla fijamente y sentir al órgano rojo latir con fuerza mientras que ella sonreía con satisfacción. Y conocía mil historias, aunque fuese Matt quien las terminase con alguna variación insignificante.

Adoraba la lluvia, pero no por la mañana, claro. Por la mañana la ponía triste, eso si, ¿por la tarde? Oh, por la tarde la encantaba caminar con el agua empapando su rostro, su pelo y los principios del chico, mientras contemplaba las distintas reacciones de la gente ante tal aguacero. Aunque nunca caía tanta agua como ella reía, porque se reía de todo. Y mientras reía, mostraba la sonrisa inoxidable que el chico tanto adoraba, aunque el motivo de la mofa fuese él mismo. La verdad es que la mayor parte del tiempo, él era ese motivo. Aunque fuese aburrido.

Tampoco se planteaba un problema hasta que lo tenía en frente. Ella era una chica de hipótesis. Prefería soñar y divagar entre elucubraciones a atenerse a los hechos. Sabía arreglar lamparas que llevaban mucho tiempo rotas, y escribir los mejores textos reivindicativos, y llevar converse. Cantaba a todas horas y añadía o quitaba letras a las palabras cuando la venía en gana.

La ausencia de su madre en la infancia había obligado a Matt a contemplar y analizar casi constantemente cualquier insignificante gesto de cada mujer que aparecía ocasionalmente alguna noche con su padre, normalmente ebrio. Todas fueron rechazadas. Y esa costumbre se continuo hasta su adolescencia, expresándose en la selección de cada chica que había subido a su dormitorio. Y los mismos gestos, las mismas falsas sonrisas, las mismas palabras, las mismas caricias y las mismas posibilidades de diferentes rostros habían hecho creer al chico que había comprendido a la humanidad y que nada podría ya sorprenderle. Que la monotonía aparecía demasiado cerca del principio de la diversión.

Cuan equivocado estaba.